domingo, 7 de junio de 2020

Los móviles del futuro

En contra de las previsiones de los gurús de la tecnología, el móvil no desapareció de los bolsillos de la gente.

Se convirtió eso sí en el diminuto e indispensable  ordenador portátil que gestionaba todos y cada uno de los aspectos de la vida.

La sincronización con el ritmo cardíaco lo convertía en un aparato inútil en caso de robo, y además su localización era inmediata enviando los datos del sustractor. 
El estado ya poseía los biorritmos de todos los ciudadanos.

La legislación se había adaptado incrementando las penas ante tales tentaciones, ya que poco a poco el móvil y sus módulos desplazaron a los documento de identidad, seguridad social, tarjetas de banco, registros penales y se convirtieron en la auténtica ventanilla única de la administración global.

Poco importaba desconocer su funcionamiento, solo era preciso portarlo y todos los datos legales, personales y los que cada uno quisiera además autorizar se compartían agilizando los trámites en todas las actuaciones con el aparato gubernamental.

La memoria interna de la multiplicidad de modelos, sin ser necesaria dado el almacenamiento ilimitado en la nube convertido en estándar, bastaba para grabar en vídeo de alta definición la vida completa de una persona que consiguiera sobrevivir hasta los 120 años de edad.
Servía de copia de seguridad de las constantes vitales, del índice de masa corporal, de los niveles de azúcar, tensión,  marcadores tumorales, horas de sueño, variaciones de temperatura... todo lo que las farmacias ofrecían en sus nuevas básculas integrales.

Las enfermedades se detectaban rápidamente e incluso se predecían con complejos algoritmos que medían la humedad y temperatura del aire, el nivel de alérgenos, la concentración de CO² y los informes hospitalarios anónimos de virus en activo.

El móvil era además como antaño los relojes un signo de distinción, ofertándose modelos de diseños, materiales, tamaños y capacidades variadas.

Las antiguas empresas chinas y americanas sucumbieron ante el rápido desarrollo de la tecnología israelí y las megafactorías esparcidas estratégicamente por África, apaciguada y aliviada en sus tensiones no sin grandes esfuerzos del Mossad y la Confederación de Estados Democráticos por eliminar escollos tribales y primar a los crecientes genios africanos, que demostraron poseer una capacidad superior de innovación que la vieja Europa, la superpoblada China y la vanidosa norteamérica.

domingo, 15 de diciembre de 2019

MALDITO LITIO


Cruzó el Atlántico con el Hyperloop justo a tiempo de ver cómo los soldados asaltaban el edificio Chrysler trepando por la fachada con exoesqueletos y aniquilando con láseres calientes a los alienígenas invasores.



 Huyeron en su nave propulsada por neutrinos, pero antes de alcanzar la exosfera fueron abatidos por un cañón de materia oscura dirigido desde Moscú.
Isaac vio la explosión desde Nueva York sorprendido de la indiferencia de los ciudadanos. Se acercó a un viandante de aspecto asiático.

—¿Ha visto usted eso?
Cuando el neoyorquino iba a contestarle se acabó la batería del móvil y finalizó la partida.



domingo, 9 de junio de 2019

EL JINETE PERDIDO

Poema musicalizado acerca de la depresión











CABALGA
EN EL PÁRAMO

SIN
RUMBO PENSADO

SE
VIENE LA NOCHE

LA
LUZ SE HA APAGADO


CENIZAS
DEL VIENTO

OLOR
A QUEMADO

SUDOR
EN EL CUERPO

UN
MAL DÍA, UN MAL RATO


SIN
BRIDAS NI SILLA

TROTAR
HACE DAÑO

ES
QUE NO HUBO SUELDO

GANANCIA
NI TRUEQUE NI TRATO


DIME
DONDE, ESTÁ LA VERDAD
QUE
BUSCAN

POR
TODAS PARTES

LOS
HOMBRES

LA
PAGA FUE EL AIRE

QUE
YA HA RESPIRADO

CONSUMIDO
EL FUEGO

LA
SANGRE HA MANADO


Y
TODO ES ABSURDO

PARECE
UN FRACASO

CUÁL FUE LA GANANCIA?
QUIÉN FRENA EL OCASO?

SE
ROMPEN LOS PUENTES

SE
OCULTAN LOS PASOS

QUE
FUERON CAMINOS

ANTES
DE SER ATAJOS


DIME
DONDE, ESTÁ LA VERDAD
QUE
BUSCAN

POR
TODAS PARTES

LOS
HOMBRES

LA
BESTIA QUE PORTA

EN
SU LOMO AL SOLDADO

SE
HA ROTO LAS PATAS

LA
HA SACRIFICADO


















AHORA
CORRESPONDE

VAGANDO
ENTRE BOSQUES

CARGAR
CON LA CARGA

DE
LOS PECADOS

Y
EL HOMBRE OSCURECE

COMO
SU MIRADA

EL
ROSTRO PERDIDO

Y TAMBIÉN SU ESPERANZA

domingo, 14 de abril de 2019

Taps, el agujero de M87 y el electromagnetismo.

El general de brigada Daniel Butterfield era un brillante militar, meticuloso y organizado así como de fuerte carácter.

Daniel Butterfly


Su carrera de derecho desaprovechada para la vida civil al haberla superado demasiado joven llevó al hijo del fundador de American Express a visitar gran parte de los emergentes Estados Unidos de Norteamérica como empresario y más tarde a ascender por varios puestos en el ejército hasta llegar a su cargo actual.

En las Batalla de los Siete Días contra el ejército Confederado cerca de Richmond sus tropas sufrieron un tremendo desgaste, y se recuperaban en los bancales del río James agotados, desmoralizados y tullidos.
Meditando en su tienda cerca del ocaso de la jornada y habiendo repartido ya las órdenes pertinentes se disponía a quitarse el correaje y cambiarse la casaca para cenar con más comodidad cuando escuchó el toque de corneta que indicaba el final de la jornada.



Mientras se desasía de las tiras de sus ropajes no pudo dejar de prestar atención a la sencilla melodía que el soldado Norton interpretaba.

Por un momento pensó que aquellos soldados a sus órdenes se habían jugado la vida y merecían una armonía más elaborada que la de la sencilla pieza basada en la melodía francesa llamada "Tattoo" que solían utilizar.

Salió como llevado por un enésimo sentimiento de perfeccionismo hasta la posición de Oliver Wilcox Norton que se encontraba ya limpiando la corneta en un montículo antes de enfundarla hasta el día siguiente.

—A la orden mi general.
—Descanse, soldado, vengo a hablar con usted sobre música.


Norton pertenecía al 83º regimiento de voluntarios de Pensilvania, y era un soldado ejemplar, humilde, valiente y dispuesto a trabajar hasta la extenuación. A pesar de estar exento de muchas tareas por su condición de corneta se ofrecía siempre voluntario para los trabajos más pesados.

Oliver Wilcox Norton


–No me gusta ese toque de queda.

El soldado no recordaba haberse equivocado en las sencillas notas que el potente instrumento de viento le había proporcionado.

—Lo siento señor, no volverá a ocurrir.
—No, no, carraspeó Butterfly, no me refiero al toque de hoy, me refiero a la melodía.


El soldado suspiró aliviado. El general era temido por su mal genio.

—Tenemos que buscar una variación de esas notas que induzcan con más dignidad al descanso de las tropas.

Norton comprendió enseguida a lo que se refería el general. Las pocas notas de "Tattoo" resultaban secas y muy poco melódicas.
Habían sustituido tiempo atrás  las salvas con los mosquetones al atardecer para anunciar el fin del día militar cuando las batallas en los bosques cerca del ejército enemigo acampado amenazaban con delatar su posición. La corneta poseía un alcance acústico amplio suficiente para un regimiento pero no trascendía más allá de unos pocos kilómetros.



A Oliver Wilcox Norton le hubiera gustado improvisar un toque más largo y colorido, dentro de las limitaciones armónicas de las pocas notas que la corneta le permitía, y tenía varias ideas al respecto a las  que no podía darle forma sometido a la disciplina militar. Sintió un gran regocijo al depatir con su superior.

—¿Podría usted añadir notas intermedias en la escala ascendente y ralentizar los intervalos para conseguir un efecto más relajante?
—Por supuesto, mi general.

De aquel modo el toque resultaría sin duda menos seco y podría apreciarse algún matiz que embelleciese la melodía.

Norton dió rienda suelta a varias improvisaciones, para regocijo de su general, quién fue indicándole qué notas mantener y cuáles quitar, así como añadir espacios y alterar la melodía hasta volverla apenas reconocible.
El resultado de aquel atardecer fue muy satisfactorio. Los soldados desde las tiendas y tumbados en el suelo escucharon embelesados la progresión de notas que Oliver Wilcox Norton repitió hasta memorizar con el beneplácito del estricto pero sensible general.

Aquella noche al oscurecer fueron muchos los soldados del 83º regimiento que silbaron y tararearon la nueva melodía, mucho más pegadiza. Butterfly durmió con una sonrisa en la boca y la sensación de haber contribuído a la mejora de la moral de las tropas.

Poco podían imaginar ambos la trascendencia de la pieza musical que acababan de crear. La melodía voló por el viento y se propagó como un virus hasta infectar incluso al bando enemigo, que la incluyó en su repertorio.

Al final de la guerra hubo homenajes a los caídos donde aquella mejorada composición añadía un tinte dramático y emotivo a los panegíricos . Pronto se adoptó como toque de silencio con fines de rendición de honores a los fallecidos en combate, y más tarde a los militares norteamericanos en general.

La pieza alcanzó su mayor difusión y popularidad en el funeral de J.F. Kennedy muchos años después, donde la interpretó el trompeta principal de la banda del ejército Keith Clark después de esperar tres horas durante una gélida mañana  en Arlington la llegada de la procesión.




El frío y la responsabilidad de una audiencia inesperada de más de 20 millones de personas le hicieron errar alguna nota.

KEITH CLARK en el funeral de J.F. Kennedy




La breve pieza se asumió en la música popular, y todo trompetista pujante que se preciase ofrecía una versión para engalanar su repertorio como muestra del dominio del instrumento.

Durante mi infancia mi padre realizó varios periplos laborales por Italia y nos trajo de regalo su gusto por la música de aquel país. Entre las muchas canciones de Mina, Adriano Celentano, Nicola di Bari y otros clásicos del país vecino, recuerdo que en algún momento escuché "Il silenzio", una adaptación a la italiana del toque de queda americano realizada por un tal Nini Rosso.

Aquella melodía se quedó grabada en mi cabeza y la reconocía emocionado cuando después aparecía en alguna película bélica hollywoodiense.
Pero hacía muchos años que no la escuchaba y se encontraba oculta en el baúl de los millones de recuerdos almacenados que todos poseemos y archivamos en las estanterías del ostracismo.

El 10 de abril de 2019, tras dos años de recopilación y gestión de cuatro millones de gigabytes de datos que el consorcio internacional "Telescopio Horizonte de Sucesos" había recopilado en abril de 2017, la humanidad pudo visualizar una simulación que tres programas independientes de inteligencia artificial realizaron del agujero negro masivo de la galaxia M87.



Yo llevaba años viendo vídeos del World Science Festival de Brian Greene y escuchando charlas de kip Thorne, el mayor experto en agujeros negros del mundo, así como de Leonard Susskind y Juan de Maldacena, basándome en cuyas teorías había escrito mi novela de ciencia ficción "Sedna y el último hombre milenario".



Aquel día me quedé pegado al móvil al ver la imagen de la galaxia con forma de trompetista por cuya boquilla emergen los gases expelidos como en el patrón de unas ondas sonoras, solo que a escalas inimaginables.

Quizá por ello, o quizá porque la tensión del trabajo me obliga a echar mano de mi imaginario musical para combatir la tensión que genera el trato con el público, aquella mañana mientras encendía el ordenador y me disponía a afrontar horas interminables de interacción con variopintos semejantes la melodía del Toque de Silencio explotó en mi cabeza como el magma que pugna por salir al exterior por el cráter de un volcán.

Durante la agitada jornada no conseguía recordar el nombre ni el origen de la melodía que mi cerebro me repetía para suavizar las asperezas que brotaban en mi ánimo a causa de la citación masiva presencial de enfermos de cáncer.
A lo largo de la tarde varias consultas a Google y un agotador esfuerzo memorístico consiguieron que hallase en Youtube la versión exacta que atesoraba oculta en las antesalas infantiles de mi memoria, la versión italiana.

El poder de la sencillez con la que el soldado Norton y el general Butterfly habían deformado la ruda sucesión de notas de "Tattoo" es uno de los misterios que sigue dando sentido a la música. 


Combinar unas frecuencias de onda separadas por precisos patrones matemáticos consigue no solo enervar y excitar placenteramente el sistema nervioso humano, sino también deducir el horizonte de sucesos de un agujero negro de mil millones de veces la masa de nuestro Sol situado a cinco mil millones de años luz.




La apariencia casual de trompetista de la galaxia M87 desde nuestra perspectiva en La Vía Láctea puede ser una mera coincidencia subjetiva a los ojos de los científicos, pero yo personalmente me inclino por un indicio trascendente en el que demasiados azares se unen provocando que un círculo de sentido se cierre.

Cientos de muertes han sido honradas al compás de la asombrosa y sencilla pieza "Taps", y yo creo que desde la lejanía, el agujero negro de M87 nos guiña un ojo y nos invita a seguir divagando acerca de la futilidad de la vida terrena y la magnitud del alma y del cosmos que nos rodea.


Enlace a versión propia de la melodía:
https://youtu.be/tEhaRgfRRQ4

domingo, 17 de febrero de 2019

Almorzando con Sergio

Conocí a Sergio a fondo hace seis años cuando al fin compartimos destino y mesa de trabajo junto con una excepcional compañera durante un año.

     Hasta entonces nos habíamos cruzado por los pasillos con la cordialidad del saludo que se profesan los compañeros cotidianos desconocidos.
     Aquel año trabajando codo a codo descubrí a un empleado entusiasta y competitivo, cuyo desprecio por el agotamiento en ocasiones denunciaba la propia falta de actitud de sacrificio laboral.

     Su lema era "vamos a levantar España". Hacía caso omiso de la crisis económica, de la corrupción política, de la podredumbre de las instituciones, pero sobre todo era inmune a sus propias limitaciones.

     Como todo mortal también tenía sus defectos, pero su único objetivo laboral era aportar puntualmente su impoluto grano de arena. Esa era la responsabilidad que le habían encomendado. El resto del mundo era una entelequia absurda e inabarcable.

     Aprendí que el sufrimiento es algo muy relativo. Inmerso en una precaria salud me esforcé hasta la extenuación animado por su ejemplo y ayudado por nuestra compañera que tanto sentido común aportaba en medio de la absurda vorágine cotidiana.
     Desgraciadamente mis fuerzas no me acompañaron en la demencia burocrática del entramado kafkiano que nos aprisionaba. Sergio caminaba despacio pero con paso firme mientras yo me tropezaba con una roca tras otra en mi desenfrenada huida hacia adelante.

     Caí enfermo en varias y prolongadas ocasiones y Sergio me recordaba por teléfono constantemente cuánto me echaba de menos.
Cada vez que me recuperaba y me reincorporaba me recibía con una sonrisa de auténtica felicidad y varios abrazos.

     La semana pasada al fin me pidió que le acompañase a almorzar. Su nutrido grupo habitual de la hora del almuerzo había cambiado con el tiempo de destino quedando en algunas ocasiones sin compañía.
     Simplemente no le gustaba como a mí la soledad del breve rato de descanso que a media mañana teníamos estipulado. Su afecto incondicional me ayudó a vencer mi solitaria rutina.

     Los viernes era el día en que se permitía la licencia de saltarse su estricta dieta. La ensalada con agua se convertía en un enorme bocadillo de longanizas con pimientos y ajoaceite. Decidí solidarizarme y compensarme con semejante festín por la durísima semana que había pasado luchando contra los síntomas de mi debilidad crónica.

     Allí sentado a solas con el popular Sergio me embargó una sensación de privilegio. Comimos prácticamente en silencio, pero su sonrisa constante mientras todo el personal le saludaba me abrumó acostumbrado a mi terapéutica soledad.

     La sencillez con la que Sergio vive su vida es un recordatorio constante del exceso de pasiones innecesarias que lastran nuestra felicidad. Verle disfrutar de aquel sencillo homenaje al colesterol con el rostro radiante de felicidad me hizo plantearme como siempre la relatividad de las cosas de la vida.
Pocas palabras necesitaba mi amigo. 

Apenas la compañía.




jueves, 1 de noviembre de 2018

El valor de una ventana

Hemos perdido el norte, y no en sentido metaforico. En las zonas y países del norte tienen la suerte de un clima más húmedo y frío en el que la arquitectura se debe adaptar a la nieve, la lluvia y los verdes prados.

Quizá desencantados o despreocupados por la ausencia de inclemencias aquí en la ciudad de La Plana parece como si la falta de estética fuese una obligación a la hora de plantear una ventana y sobre todo lo que se ve a través de ella.

Calles estrechas, horrendos edificios insípidos y grises diseñados con tanta desidia como bajo presupuesto, ausencia de parques, alergia histórica al mar, patios de luces deprimentes...

La fealdad campa a sus anchas porque los habitantes se han acostumbrado a ella.
Mi ciudad es un erial de belleza donde asomarse por la ventana apenas garantiza el acceso de algo de la excesiva luz que se nos regala por la latitud en que aterrizamos.

Hemos olvidado lo importante que resulta aliviar el alma de las cargas de la fealdad. Y nos damos cuenta asombrados de cuánta belleza existe ahí afuera al viajar. Cualquier destino nos ofrece postales en las que reposar, parajes en los que regocijarnos, como si asumiéramos nuestra incapacidad enquistada de crear armonías estéticas con los elementos de que disponemos en nuestra fatídica urbe.

En general, mirar por una ventana en Castellón, como en otras muchas poblaciones de la zona, no aporta ningún beneficio espiritual al que observa. La disposición de tan importante elemento en una vivienda carece con alevosía de su función paisajística. Hay que maldecir a los arquitectos cuya incultura e incapacidad llevó a condenarnos a visiones prescindibles.

Hay que recordar con desprecio a los ediles que permitieron la disposición esquizofrénica de las propiedades e inmuebles de nuestra ciudad cegando paisajes, apagando luces naturales y condenando a los moradores a la oscuridad y el desasosiego.

Tan solo cuando los abominables lindes del antiguo pueblo fueron ganados a los huertos abandonados ha comenzado a edificarse con algo de sentido común.
Las ventanas permiten ver el mar, o los edificios cercanos diseñados con un mínimo colorido o talento armónico, de manera que puede uno asomarse por la ventana y perderse en la contemplación para evadirse de sus escasos noventa metros cuadrados de cárcel domiciliaria.

Es la suerte de los propietarios con mayores posibilidades económicas y una educación superior en lo que a necesidad de estética se refiere.

Cómo echo de menos mi mar de todos los días, mis amaneceres con el marco del brumoso humedal exhalando rocío, nubes en la parte superior del lienzo y grandes dosis de azul celeste manchándolo todo.

La ventana de mi habitación actual es igual que el patio de una cárcel, con rejas y todo.
Se acabó perderse con la vista y desanudar las miserias del sufrimiento cotidiano.

El horrible rectángulo que me saluda al abrir los ojos mejora con la persiana bajada negando cualquier perspectiva deprimente que añada más fealdad a la que ya me acompaña en el día a día.

Maldita sea mi suerte, ansiar con casi toda el alma la abundancia de belleza y abominar de la fealdad con un grado patológico de intensidad.

A veces desearía ser una oveja sin apenas cerebro y que mi única preocupación fuese conseguir masticar un par de algarrobas.

viernes, 26 de octubre de 2018

De hombres y móviles




Ya decía el gruñón de Shrek que "Los ogros son como las cebollas", y no como le indicaba "Asno", similares a un trozo de tarta o pastelitos.
Del mismo modo los hombres "somos" como los omnipresentes teléfonos móviles de hoy en día.
     Esta metáfora la empecé a gestar incluso antes de que existieran los móviles inteligentes o "smartphones", cuando me gustaba hacer analogías entre los primeros ordenadores y las similitudes existentes en la forma de procesar la información con los humanos.

     No obstante, con la llegada de estos pequeños aparatos increíbles la analogía es más poderosa todavía, ya que los antiguos computadores no eran portátiles ni permitían la comunicación por voz.

Pero vayamos por partes, como dijo Jack el Destripador.

     Tanto los móviles como los seres humanos poseemos una obsolescencia programada. En el caso de los aparatos incluso de forma ilegal, tal y como recientemente denuncia Italia a los gigantes Samsung y Apple. Pero incluso sin necesidad de alteración del software, el mismo progreso relega a los modelos de más de dos años al ostracismo comercial y la desaparición.

     Dos años de vida útil frente a los cincuenta aproximadamente del ser humano. Son cantidades muy cercanas. Las personas comienzan a ser productivas  para la sociedad aproximadamente a los veinte años, así a "grosso modo", y dejan de serlo alrededor de los setenta, aunque generacionalmente el mercado laboral sufre de una mutación que encoge todavía más la edad útil de un trabajador.


     La "legalidad" de la obsolescencia humana es un tema más espinoso que podría asimilarse con los asesinatos, abortos, guerras, países con penas de muerte y demás, pero  no entraré en ese jardín. Vale la pena mencionar no obstante que sin intervención "ilegal" humana la naturaleza se basta para finiquitarnos, está diseñada con un reloj interno para que las células dejen de regenerarse y mueran por oxidación. En este caso el fabricante equivalente a Apple sería Dios, y Steve Jobs sería una versión icónica y mercantilista de Jesucristo.


     La tecnología está cambiando el panorama laboral al mismo ritmo que aumentan los gigas de memoria RAM de los móviles, su capacidad de almacenamiento interno, los megahercios de la batería o la cantidad de píxeles por pulgada en la pantalla.

     Para un adulto de más de cincuenta años reciclarse en el mercado laboral sería como intentar que un viejo Nokia de la década del 2000 pudiese realizar tareas multifunción en pantalla dividida como un Android actual. El rango del  periodo de usabilidad de las personas y de los móviles disminuye alarmantemente a pasos agigantados.



     Tanto las personas como los nuevos juguetes mundiales tienen diferentes capacidades, características y valor. No es lo mismo un iPhone Xs que un Xiaomi Mix 3. El primero cuesta el doble que el otro, y sin embargo las capacidades son parecidas y las características dispares en favor de uno u otro.




     Android o IOS, ciencias o letras, estudiar o trabajar, casarse o ser soltero... las similitudes no tienen fin. Android sería una persona que en inferioridad de condiciones se esfuerza en mejorar y consigue batir a su hermano mayor como en Gattaca, donde se vence a la optimización genética a base de esfuerzo y de fe.



     IOS sería el hombre pragmático, inteligente, ordenado y pulcro incapaz de ver más allá de sus narices con tal de conseguir sus objetivos. En el caso de la multinacional americana nada más y nada menos que ser la compañía más valiosa del mundo actual y con unos márgenes de beneficio abrumadores.




     Muchas personas son como móviles con altas capacidades que sin embargo ni siquiera tienen en la pantalla instalado el icono de llamada, otras son móviles restaurados con los que puedes hablar horas y horas sin que se acabe la batería. En teoría todos los móviles y todas las personas sirven para comunicarse, pero unos y otras ejercen de forma muy diferente esta cualidad.

     Hay móviles a los que se les estropea el micrófono, igual que existen los mudos. Hay móviles a los que se le rompe la cámara, igual que los ciegos. Hay móviles que sufren accidentes, igual que los hombres, y su aspecto queda dañado irremisiblemente.



     Hay móviles que mueren ahogados, quemados, olvidados, fundidos, y hay dueños de móviles que cambian de aparato a pesar de seguir funcional y vigente, igual que las personas que se casan y se divorcian.

     Existen los adictos al sexo igual que existe la nomofobia, o adicción a estar conectado siempre con un móvil.

     Hay personas que necesitan de muchos accesorios para salir a la calle, como el ecosistema reciente de Apple plagado de "dongles" o adaptadores de auriculares, relojes inteligentes y periféricos, que en conjunto puede suponer unos 5.000€ y sin embargo hay personas que con un Motorola (propiedad de Lenovo) de menos de 200€ realizan multitarea y llamada a la vez sin despeinarse ni necesitar logotipos glamurosos ni parafernalia accesoria.
Todo es cuestión de carácter y de gustos.





     Con la llegada de los asistentes virtuales a la telefonía móvil el parecido se acentúa todavía más. Ya lo vaticinaba la película "Her" con Joaquin Phoenix como enfermo social y Scarlett Johansson como evolución en inteligencia artificial— de voz sexy— llamada Samantha: Las máquinas cada vez piensan más y los humanos sentimos menos. 
     La frivolidad, la trivialidad y la virtualidad se han apoderado de nuestras emociones, y se augura un sombrío futuro con nuevas patologías afectivas que van a tener una difícil solución.


     Siri dió primero, pero no dió dos veces, fue superada por el asistente de voz de Google. Bixby de Samsung, Alexa de Amazon, Cortana de Microsoft y la irrupción de los chinos con sistemas propios se disputan entre todos un mercado que ataca directamente al corazón y al alma de las personas ofreciéndoles una apariencia inofensiva y aséptica de humanidad enlatada.

     Y he ahí mi sospecha de que de alguna forma somos grandes teléfonos móviles con patas u ordenadores portátiles con capacidad para comunicarnos. Nuestras criaturas están hechas a imagen y semejanza nuestra.

     La tecnología tiende a imitar peligrosamente la humanidad ayudando por otra parte a que comprendamos cómo somos en realidad, toda una paradoja convergente y apasionante. En ella, antes o después, la creación superará al creador, como fantaseaba el incauto de Isaac Asimov dando pie a innumerables versiones del mito de la máquina que supera al hombre, evidenciando un sustrato mal resuelto de la psicología del ansia necesidad del hombre de superar a Dios mismo, vencer lo invencible, descifrar lo indescifrable.