domingo, 7 de junio de 2020

Los móviles del futuro

En contra de las previsiones de los gurús de la tecnología, el móvil no desapareció de los bolsillos de la gente.

Se convirtió eso sí en el diminuto e indispensable  ordenador portátil que gestionaba todos y cada uno de los aspectos de la vida.

La sincronización con el ritmo cardíaco lo convertía en un aparato inútil en caso de robo, y además su localización era inmediata enviando los datos del sustractor. 
El estado ya poseía los biorritmos de todos los ciudadanos.

La legislación se había adaptado incrementando las penas ante tales tentaciones, ya que poco a poco el móvil y sus módulos desplazaron a los documento de identidad, seguridad social, tarjetas de banco, registros penales y se convirtieron en la auténtica ventanilla única de la administración global.

Poco importaba desconocer su funcionamiento, solo era preciso portarlo y todos los datos legales, personales y los que cada uno quisiera además autorizar se compartían agilizando los trámites en todas las actuaciones con el aparato gubernamental.

La memoria interna de la multiplicidad de modelos, sin ser necesaria dado el almacenamiento ilimitado en la nube convertido en estándar, bastaba para grabar en vídeo de alta definición la vida completa de una persona que consiguiera sobrevivir hasta los 120 años de edad.
Servía de copia de seguridad de las constantes vitales, del índice de masa corporal, de los niveles de azúcar, tensión,  marcadores tumorales, horas de sueño, variaciones de temperatura... todo lo que las farmacias ofrecían en sus nuevas básculas integrales.

Las enfermedades se detectaban rápidamente e incluso se predecían con complejos algoritmos que medían la humedad y temperatura del aire, el nivel de alérgenos, la concentración de CO² y los informes hospitalarios anónimos de virus en activo.

El móvil era además como antaño los relojes un signo de distinción, ofertándose modelos de diseños, materiales, tamaños y capacidades variadas.

Las antiguas empresas chinas y americanas sucumbieron ante el rápido desarrollo de la tecnología israelí y las megafactorías esparcidas estratégicamente por África, apaciguada y aliviada en sus tensiones no sin grandes esfuerzos del Mossad y la Confederación de Estados Democráticos por eliminar escollos tribales y primar a los crecientes genios africanos, que demostraron poseer una capacidad superior de innovación que la vieja Europa, la superpoblada China y la vanidosa norteamérica.

No hay comentarios:

Publicar un comentario