Hoy ha querido el buen Dios que toda mi vehemencia se disolviera como un azucarillo, mi recurrente ira implacable y mi sed de justicia, venganza y humillación yacían inertes sometidas por un brote de narcolepsia fulminante.
Y me alegro por el pobre vendedor de El Corte Inglés, el mismo que hace 20 años me amedrentaba e imponía con su traje barato y su mirada altanera.
Me alegro porque esa icónica figura digna de escarnio para muchos humildes proletarios, se materializaba esta vez en un joven que casi podría haber sido mi hijo.
Habiendo adquirido un disco duro on line externo para prevenir el Alzheimer de mi lustroso ordenador, cual fue mi sorpresa al verme incapaz de hacerlo funcionar.
Ni formateo ni partición, nada de nada.
Bendita política de devoluciones de El Corte Inglés, me rendí cansado de pelear contra mis limitaciones y la informática y me dispuse a devolverlo o canjearlo presencialmente no habiendo opción de hacerlo como Amazon, por mensajería.
—Mire, he comprado un disco duro on line pero me ha llegado formateado para Windows y con mi Mac no funciona. Yo había pedido uno formateado para Mac.
Ingenuo de mí fue como echarle gasolina al fuego. Las plumas de la cola se le irguieron y me descerrajó una andanada de tecnicismos.
—Eso es imposible—Sentenció inclemente.—Un disco duro es un disco duro de toda la vida, da igual el sistema operativo. Basta con formatearlo—Espetó dando por supuesto mi incapacidad para comprender tamaño misterio del almacenamiento digital.
Yo había intentado lógicamente formatearlo sin éxito y había pasado horas navegando por foros y tutoriales de YouTube.
Las conocidas y corporativas ínfulas le hacían contonearse con inequívocas y subliminales señales de machoalfismo orinando en las farolas para marcar el terreno.
Se dispuso a probar el disco duro que yo no había podido iniciar mientras de reojo y con media sonrisa parecía despreciarme hasta la lástima provocando todo un tsunami de irá en mi psicología dañada en la autoestima.
Sus movimientos seguros y su agilidad al conectar el disco y ejecutar la utilidad para instalarlo iban dirigidas a minar mi resilencia de cliente porculero.
Las ganas de asesinar a aquel energúmeno se contenían por la necesidad de solucionar el problema, y observé cómo iba realizando exactamente los mismos pasos que yo había realizado horas antes infructuosamente.
Tan convencido me hallaba de mi torpeza que no pude dar crédito cuando el mismo mensaje de error paralizó al aguerrido vendedor.
—No puede ser, un disco duro es un disco duro, repetía como en un karma.
Me empezaron a temblar las piernas de la emoción a la vez que el color del rostro del joven se enrojecía.
Empezó a formarse una cola de clientes esperando a que el solitario dependiente terminase de enchufar y desenchufar el maldito disco duro en todos los ordenadores expuestos buscando una solución.
Mi orgullo herido quiso vengarse, pero una bajada vertiginosa de hipocretina de mi hipotálamo me hizo recordar mi educación cristiana, así que le interrumpí en su desesperada búsqueda intentando convencerle de que no hacía falta que me demostraste lo listo que era, que seguramente mi torpeza había sido la causa, pero que por favor me restituyese el producto por otro igual para que ambos pudiésemos continuar con nuestras vidas, sin rencores.
El vendedor observó la inquieta clientela y las cámaras de seguridad y decidió claudicar para sortear aquella encerrona del destino de la manera menos dolosa posible. Accedió al cambio.
Mis mareos y vértigos iban en aumento evitando toda sorna antaño inevitable por mi parte, pero precisamente por las molestias de haberme hecho acudir en persona a cambiar dicho aparato decidí exigirle que el sustituto fuese testeado antes de llevármelo. No iba a tolerar otra misteriosa avería.
El joven se recompuso y afirmó sacando pecho que eso si que era imposible, que quizá mi unidad estaba dañada, pero—e insistió en su karma—...un disco duro siempre es un disco duro.
Sacó del almacén un horrendo disco equivalente en color naranja de la misma marca y modelo, y sacudiéndose el polvo de la humillación pasó al contraataque enchufando el segundo disco.
—Esta marca trabaja con Apple, yo tengo uno igual en casa y nunca me ha dado problemas.
—Me parece estupendo, pero evíteme regresar que esto para mi es un calvario. Pruébelo.
El sudor frío contenía mi ira, mis esfuerzos por mantenerme en pie ya eran suficiente.
La desesperación se hizo presa en el trajeado y ahora sudoroso empleado, abocado de nuevo a un imposible error que le tuvo enchufando y desenchufando mientras tecleaba bajo los efectos de la maleducada impertinencia de los clientes ansiosos haciendo cola.
Me alejé de la escena para recomponerme apoyado en un mostrador, pero la situación se complicaba. El dependiente había entrado en bucle seguido por la creciente horda de clientes impacientes.
Mi cuerpo pedía cama con más fuerza que venganza, así que por segunda vez acudí al rescate del engolado asesor y le rogué que no combatiese al absurdo, que me diera de una maldita vez un disco duro formateado para Mac.
Vio en mis ojos la forzada misericordia y accedió sumiso a tragarse su puñetero karma y plegarse al experto consejo de su canoso cliente.
No pudo dejar de murmurar "es imposible, es imposible..." pero yo insistí azuzándole por temor a perder los estribos.
—Chaval—Le dije mirándole a los ojos—...bienvenido a los mundos de Murphy, y si no te importa, me pruebas también el disco duro formateado para Mac.
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