martes, 9 de febrero de 2016

La muerte. Un mal rato que pasa.

     Como un mal día en que te levantas con el pié izquierdo, te quemas la lengua con el café y te manchas la ropa que tenías preparada para ir a trabajar.
Tu jefe te saluda con una inmerecida bronca fruto de una negligencia ajena cuyo autor desconoces.
     Te sobrecarga la agenda cotidiana con la resolución de dicho problema y tus propias tareas que llevas atrasadas porque la semana anterior tuviste que llevar a tu hijo de 2 años a urgencias a las 4 de la madrugada por una bronquitis asmática que acabó en ventolín y un sueño irrecuperable. Dos dias seguidos.
     Al volver a casa un menor sin seguro ni carnet se empotra con un mercedes antiguo en tu humilde Seat dejándolo inservible, y acabas en urgencias con un collarín, una caja de antiinflamatorios que te destrozan la flora intestinal y sin baja laboral.
Llegas a casa y tu mujer, que tiene uno de esos días de perros te percute con los resultados académicos de los niños y con tu obligación de compartir las tareas domésticas, amenazándote con denunciarte por violencia de género cuando para intentar justificar que no es el mejor momento se te ocurre alzar el índice para pedir la vez.
Pisas un juguete maldito de plástico por el pasillo y te haces un esguince leve, que te malvendas por no volver a urgencias.
Después de 45 minutos en el aseo depositando las consecuencias del antiinflamatorio te das cuenta de que una hemorroide te saluda y te avisa que ha venido para quedarse.
     Antes de acostarte te das cuenta de que no te quedan maquinillas de afeitar, y confuso y aturdido te cepillas los dientes con crema depilatoria que tu esposa ha tenido a bien compartir en el mismo recipiente donde yace la pasta de dientes.
Al agacharte para quitarte las zapatillas de estar por casa te pinzas la espalda, y no te brotan lágrimas porque hace tiempo que las borraste de tu repertorio emocional.
     La calefacción no funciona y tu mujer se erige en vencedora del combate por el edredón.

     Y así, poco a poco tu vida va pasando ante tus ojos aceleradamente mientras el agotamiento prevalece y te sumerges en el dulce vaivén de los brazos de Morfeo.

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