Estoy totalmente en desacuerdo con la corriente de videos y Memes virales que circulan por las redes en contra de la tecnología, de los móviles, y mitificando un amplificado pasado idílico con costumbres para siempre perdidas.
Yo, cuando era niño, vivía en un piso de 70 m2 junto con mis 3 hermanos y mis padres, no me pasaba el día en la calle como reza la corriente "anti-tech", veía a mis amigos en el colegio, y me pasaba las tardes haciendo deberes, exactamente igual que mis hijos ahora.
Si me sobraba tiempo estaba tan fundido que veía la tele única (entonces solo había una cadena), sin ningún tipo de control parental, y así recuerdo haberme tragado deprimentes y terribles programas que no han hecho más que llenar mi subconsciente de traumas irreparables.
No soy un defensor de las video consolas, pero con una adecuada monitorización las considero mil veces menos perniciosas que la tele de entonces. El problema no son los móviles ni los ordenadores ni los videojuegos, el problema seguimos siendo los padres.
Mis hijos tienen la Wii, la Play Station, la Nintendo DS, ordenador e incluso móvil los mayores (debo aclarar que tengo 8 hijos, así que salen a una máquina para cada dos hijos más o menos). Entre semana el que termina los deberes antes de cenar puede jugar a lo que quiera siempre y cuando se haya puesto el pijama, haya preparado la ropa del día siguiente y tenga la mochila con todo el material necesario lista y dispuesta. No suelen ser muchas las veces que esto ocurre, pero casi ninguno ve la tele (más que nada porque no funciona y he descubierto que no pasa nada por ello), rara vez juegan a "maquinitas", porque se les ofrecen alternativas como pintar a los más pequeños y tebeos o libros desde que aprenden a leer, seleccionando contenidos apropiados a cada edad y motivándoles con el ejemplo y con pequeños desafíos o narraciones interesantes. Lo que nunca falla es empezar leyéndoles un cuento en la cama antes de dormir, eso les abre un mundo para ellos desconocido y apasionante.
Con ello no pretendo sugerir que el modo en mi mujer y yo educamos a nuestros hijos sea ejemplar, no. Las imperfecciones darían para todo un tratado. Lo que pretendo es mostrar mi más firme rechazo por esa corriente de pensamiento facilona y simplista que afirma que cualquier tiempo pasado fue mejor y que nuestros hijos estan condenados al carecer de las bondades de nuestra infancia.
Yo, cuando era niño, vivía en un piso de 70 m2 junto con mis 3 hermanos y mis padres, no me pasaba el día en la calle como reza la corriente "anti-tech", veía a mis amigos en el colegio, y me pasaba las tardes haciendo deberes, exactamente igual que mis hijos ahora.
Si me sobraba tiempo estaba tan fundido que veía la tele única (entonces solo había una cadena), sin ningún tipo de control parental, y así recuerdo haberme tragado deprimentes y terribles programas que no han hecho más que llenar mi subconsciente de traumas irreparables.
No soy un defensor de las video consolas, pero con una adecuada monitorización las considero mil veces menos perniciosas que la tele de entonces. El problema no son los móviles ni los ordenadores ni los videojuegos, el problema seguimos siendo los padres.
Mis hijos tienen la Wii, la Play Station, la Nintendo DS, ordenador e incluso móvil los mayores (debo aclarar que tengo 8 hijos, así que salen a una máquina para cada dos hijos más o menos). Entre semana el que termina los deberes antes de cenar puede jugar a lo que quiera siempre y cuando se haya puesto el pijama, haya preparado la ropa del día siguiente y tenga la mochila con todo el material necesario lista y dispuesta. No suelen ser muchas las veces que esto ocurre, pero casi ninguno ve la tele (más que nada porque no funciona y he descubierto que no pasa nada por ello), rara vez juegan a "maquinitas", porque se les ofrecen alternativas como pintar a los más pequeños y tebeos o libros desde que aprenden a leer, seleccionando contenidos apropiados a cada edad y motivándoles con el ejemplo y con pequeños desafíos o narraciones interesantes. Lo que nunca falla es empezar leyéndoles un cuento en la cama antes de dormir, eso les abre un mundo para ellos desconocido y apasionante.
Con ello no pretendo sugerir que el modo en mi mujer y yo educamos a nuestros hijos sea ejemplar, no. Las imperfecciones darían para todo un tratado. Lo que pretendo es mostrar mi más firme rechazo por esa corriente de pensamiento facilona y simplista que afirma que cualquier tiempo pasado fue mejor y que nuestros hijos estan condenados al carecer de las bondades de nuestra infancia.
La mía me llevó a vivir en chalets, pisos, pueblos y urbanizaciones, y desde esa perspectiva recuerdo que en esencia vivimos igual que entonces. Las diferencias notables que aprecio es que ahora trabajan más madres y que los padres colaboran y se implican (aunque todavía nos queda mucho camino por recorrer). Desgraciadamente tambien hay más familias desestructuradas, pero ese es otro tema que, aunque afecta al uso y abuso de la tecnología, ahora no viene al caso.
Es falso que antes jugasemos a tirarnos piedras, al menos no regularmente, yo solo recuerdo haberlo hecho dos veces, con gran temor, y abriéndole una ceja a un amigo, acarreando lógicas y trascendentes consecuencias, nada de "... y no pasaba nada". Quizá en entornos más agrestes y rurales haya sido la tónica, pero en mi mundo no.
Pintábamos, cuando se nos lo facilitaba y se nos motivaba, de vez en cuando. Nada más empezaron a aparecer máquinas cuasi-analógicas, se hicieron un hueco en nuestra rotación lúdica, encajando, no desplazando ninguna actividad. Cientos de dibujos de Mazingers Z y de Spidermans dan fe de ello.
Es falso que antes jugasemos a tirarnos piedras, al menos no regularmente, yo solo recuerdo haberlo hecho dos veces, con gran temor, y abriéndole una ceja a un amigo, acarreando lógicas y trascendentes consecuencias, nada de "... y no pasaba nada". Quizá en entornos más agrestes y rurales haya sido la tónica, pero en mi mundo no.
Pintábamos, cuando se nos lo facilitaba y se nos motivaba, de vez en cuando. Nada más empezaron a aparecer máquinas cuasi-analógicas, se hicieron un hueco en nuestra rotación lúdica, encajando, no desplazando ninguna actividad. Cientos de dibujos de Mazingers Z y de Spidermans dan fe de ello.
Por otro lado, el uso de las nuevas tecnologías ha creado nuevas formas de diversión y de sociabilización. Antes el que era tímido o se espabilaba o se relacionaba poco y punto, ahora en el ciber espacio muchos tímidos han encontrado un alivio a sus problemas relacionales. El que antes estaba de psicólogo debía ir al psicólogo, igual que ahora.
Por contra, los padres ahora tenemos un frente de peligro añadido a los problemas que debemos vigilar en nuestros hijos. Pero no es para hacer un drama, es cuestión de ponerle interés y estar pendientes, exáctamente igual que antes.
Por contra, los padres ahora tenemos un frente de peligro añadido a los problemas que debemos vigilar en nuestros hijos. Pero no es para hacer un drama, es cuestión de ponerle interés y estar pendientes, exáctamente igual que antes.
Si los jóvenes se reúnen y no hablan entre ellos, a lo mejor es que no tienen nada que contarse, y si una pareja va a cenar y está enganchada al móvil a lo peor es que es lo mejor que podrían estar haciendo. El sentido común suele descifrar cada caso, no una colección de fotos efectistas en un video colgado en Facebook por cualquier opinólogo aficionado como yo.
Cualquier tiempo pasado no fué necesariamente mejor.
A pesar de la crisis nuestra calidad de vida ha aumentado. Los coches son más grandes y seguros, viajamos mucho más y sin perdernos, gracias al GPS, y por carreteras más racionales.
La información fluye masivamente al alcance de la palma de la mano de cualquiera interesado en ella, ya no cuajan las leyendas urbanas en el subconsciente colectivo, y no es preciso perder muchas horas en la biblioteca para hacerse una composición de lugar acerca de cualquier materia.
Si, han aumentado las nuevas patologías; la nomofobia, la apofenia, etc... pero cada descubrimiento e innovación ha acarreado las lógicas consecuencias derivadas de su mal uso. El problema sigue siendo la mala práxis, la perversión que en los márgenes del comportamiento humano ejercemos, no la creación en sí.
A pesar de la crisis nuestra calidad de vida ha aumentado. Los coches son más grandes y seguros, viajamos mucho más y sin perdernos, gracias al GPS, y por carreteras más racionales.
La información fluye masivamente al alcance de la palma de la mano de cualquiera interesado en ella, ya no cuajan las leyendas urbanas en el subconsciente colectivo, y no es preciso perder muchas horas en la biblioteca para hacerse una composición de lugar acerca de cualquier materia.
Si, han aumentado las nuevas patologías; la nomofobia, la apofenia, etc... pero cada descubrimiento e innovación ha acarreado las lógicas consecuencias derivadas de su mal uso. El problema sigue siendo la mala práxis, la perversión que en los márgenes del comportamiento humano ejercemos, no la creación en sí.
Tenemos vértigo igual que tenían nuestros padres que pasaron de escuchar la radio a ver la tele en color. Nosotros tenemos la tele en el bolsillo, con libertad para elegir contenidos. Ellos heredaron una posguerra, y a nosotros nos han dejado la globalización.
Dejémonos de lamentarnos por los sueños distorsionados del pasado y empecemos ya a preparar a nuestros hijos para un futuro si cabe más vertiginoso.
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