domingo, 3 de noviembre de 2013

POLVO

Hoy hace una preciosa mañana soleada de otoño. El azul hiriente del cielo transmite con potencia los rayos solares. La luz que filtran las cortinas blancas de mi habitación besa cada rincón y miles de partículas de polvo flotante danzan en una caótica coreografía relajante y maravillosa.

Es el polvo de la tierra, de los materiales desgastados, y el polvo que antaño formaba parte de nuestros antepasados remotos.

Hay ruido en la casa de niños pero yo percibo silencio recostado en la cama a medio vestir mientras contemplo la luz entrar indiferente a mi presencia iluminando el polvo que gravita en armonía con el sonido del silencio.

Seguramente mi equívoco estado se deba al sedante que tomé anoche, pero me da igual. He pasado toda la vida angustiado por el deber y la prisa y la autoexigencia. Me voy a conceder cinco minutos de reflexión.

Pronto es dentro de un tiempo relativo si es que el tiempo existe. Quizá no se trate de rotación de planetas y oxidación de organismos. El caso es que antes de un suspiro yo seré parte de ese polvo flotante maravilloso que deambula por la creación cuestionando a algún ser con resquicios de trascendencia.

Sin duda que polvo somos, y al polvo volveremos. Pero el hecho de que estas chispas inertes me alienten y cuestionen me hace comprender que ocultan vida de un modo imperceptible para los sentidos pero no para la conciencia. Eso que algunos llamamos alma.

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