Quince años.
Toda una vida. Me he querido morir muchas veces, pero eso no es lo importante. Lo importante es que aquí estamos. A pesar de todo. Mañana no lo se. Hoy permanecemos.
Recuerdo lo consciente que era de mi inconsciencia cuando me casé, el pánico que le tenía a semejante responsabilidad y compromiso sin igual. Nunca antes me había comprometido con nada ni con nadie de tal modo. Era a todas luces un suicidio. Nunca he vuelto a hacer cosa semejante ni creo que lo haga.
Y es cierto que mueres, muy cierto. Muchos de los que estéis leyendo esto sabréis a qué me refiero. Dejas de ser un individuo y pasas a ser una entidad indisoluble con todo el dramatismo que el adjetivo acarrea.
Sin embargo en el momento de lanzarme a tal aventura, lo que más me costó fue pensar en la responsabilidad que asumía ante la posibilidad de hacer daño en un futuro a mi futura esposa. Semiconsciente de mis limitaciones ya intuía que mi propia concupiscencia iba a colaborar en dinamitar involuntariamente y trabar más de un episodio del camino en común.
Es por todo esto que reflexiono de cara al éter:
Antes de casarte hazte estas preguntas: ¿Estás dispuesto a ser la causa de las lágrimas más amargas de tu futuro cónyuge?
¿Estás dispuesto a cargar con la responsabilidad de las consecuencias que tendrás que afrontar cada vez que le falles?
Y comprendo que lo fácil es rechazar esa responsabilidad por sensiblería y falta de perspectiva.
La vida no es una película, por mucho que te lo intenten hacer creer. Tú no eres el protagonista del mundo mundial (como diría un gran bloguero del gremio). No hay final feliz. La felicidad es el camino.
En esta vida te van a odiar, difamar, traicionar, mentir, no importa lo bien que intentes portarte o lo bueno que te creas. Así ocurre siempre.
¿A qué le tienes miedo pues cuando sabes que vas a hacer daño irremediablemente a quien amas?. ¿De qué te estás escondiendo, qué intentas evitar?. ¿de qué te quieres preservar?
Al menos tu amor aunque esté en pañales aportará un beneficio a la persona amada y entre los dos se pueden construir puentes de supervivencia para cruzar los rios cenagosos de esta miserable existencia.
Reconstruye los puentes rotos, los puentes sobre aguas turbulentas de Simon y Garfunkel, aquí abajo suavemente bosquejados por Roberta Flack. Restaura los lazos desatados, y que el miedo no te robe la posibilidad de formar parte de la creación.
En quince años he tenido ocasión de llegar a conclusiones muy dispares acerca del matrimonio, la mayor parte de las veces he optado por no hacerme caso a mí mismo. Pero ahora estoy practicando con mi nuevo alojamiento de blogs y me apetecía divagar sobre el tema.
Si se me acepta la reflexión, huye del miedo al futuro, porque el futuro no existe, lánzate a la aventura o tu vida será cualquier cosa menos apasionante. Reza mucho como mejor sepas y puedas y lánzate a la piscina.
Otra cosa es que todo tu cuerpo te indique que ese no es tu camino, pero esa es otra historia...
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