sábado, 27 de abril de 2013

CARLOS A TRAVES DE LOS AÑOS

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Carlos apareció en mi vida en un momento extraño. Mi peregrinaje por trabajos inverosímiles  había alcanzado su cenit. Me encontraba descargando sacos de sal por los descalcificadores comunitarios de los edificios de Castellón.

En la Avenida Villarreal había varios edificios donde solía acudir cada mes para rellenar con sal T4 los depósitos de los descalcificadores. Allí es donde recuerdo haberle visto por primera vez, harapiento, desorientado y con la mirada fija en un universo incierto. Una extraña fuerza le obligaba a caminar compulsivamente y a un elevado ritmo.

Mi primer pensamiento al registrar su desangelada figura en mi cerebro fue -"uno más". 

Sin embargo ya entonces se plantó una semilla, como un enlace neuronal preparado para conectarse en el futuro y producir extrañas sensaciones y asociaciones tipo "dejá vu".

Los encuentros fugaces, en ocasiones unos segundos cruzando una calle, en ocasiones perplejo atrapado por su extraño comportamiento, se fueron sucediendo por espacio de dos años, incrementando su frecuencia y creando una especie de carpeta en la memoria de mi procesador intracraneal donde iba comprobando su progresivo deterioro físico.

Llegó el paro para quedarse a mi lado casi dos años, y durante ese tiempo Carlos vino a mí, se instaló en horas comunes por mi calle, cuando salía a por los niños o a por el pan. Fue entonces cuando mi bloqueo se deshizo y atravesó el umbral de mi consciencia. Se convirtió en un personaje casi cotidiano que me hacía cuestionarme mi propia existencia. Los enlaces neuronales se empezaron a excitar y vincularse entre ellos. 

Entonces fue cuando averigüé su nombre, de la forma más sencilla posible, preguntándoselo. Hablé con él un par de veces con resultados dispares. Comprendí que no era un yonki sino un enfermo mental. Lo que no podía explicarme era cómo dada su juventud nadie se hacía cargo de aquel pobre desgraciado.
Comencé a indagar, pregunte a mi cuñada psicóloga, hablé con la policía, e incluso entré por primera vez en el Hospital Provincial, donde se tratan a los enfermos mentales de Castellón.

Recuerdo incluso haber rezado por él, y de pronto un dia desapareció de las calles.

Muchos acontecimientos milagrosos ocurrieron después en poco tiempo, entre ellos escribí un libro basado en mis encuentros con Carlos y movido por mi propia angustia desocupacional y mi afición desde niño a la Ciencia Ficción.

La siguiente vez que vi a Carlos yo ya estaba trabajando en el Hospital Provincial, y Carlos era un paciente que venía a hacerse controles en Salud Mental. En mi libro hablaba de esquizofrenia, y resultó ser cierto. Su mejoría había sido espectacular, afeitado y nutrido, al final un ingreso involuntario por decision judicial le había devuelto al tratamiento que al parecer hacía años había abandonado. En su mirada parecía recordarme de nuestros encuentros y breves conversaciones, y desde entonces me saluda siempre que me ve.

Ayer me dio la mano por los pasillos del hospital y estuvimos charlando de cómo se encontraba. Lejos de ser una persona normal, me alegró verle recuperado, con veinte quilos más que años atrás e incluso sonriente. Ahora se ha aficionado a la música, y yo estoy en tratamiento psiquiátrico por una desordenada e irrefrenable ansiedad.

Las conexiones neuronales me asustan, cualquier dia los papeles se invierten definitivamente.

Mi libro es un recordatorio perpétuo de la fragilidad propia y ajena, y del respeto con el que hay que ver al prójimo, como si uno mismo fuera a ser el "próximo".


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