1. JAN
Jan Van Sant se afanaba enfermizamente en una utopia segun sus colegas del Instituto Tecnológico de Ontario, el desplazamiento temporal, la cuarta dimensión.
Todas las mañanas llegaba dos horas antes a su puesto y las invertía en sus elucubraciones y experimentos. Jacques ,el guarda de seguridad le tenía preparada una taza de té con leche, había optado por unirse al enemigo que le obligaba a desperezarse en su turno de noche dos horas antes de lo normal.
En ocasiones acompañaba a Jan al laboratorio y escuchaba asombrado las teorías que le explicaba el científico, el cual le agradecía aquellos minutos de compañía antes de enfrascarse en sus fórmulas y en el desarrollo del procesador B11, el cual había conseguido financiar a base de convencer a los inversores del ahorro al que sometía el resto de sus investigaciones. De hecho en tres años había desarrollado ya tres patentes una de las cuales ya generaba beneficios. Era un genio. Para eso le habían contratado.
Aquel viernes, tras abandonarle Jacques se sintió con fuerzas de abrir la carpeta X, la que requería del mayor esfuerzo y en la que avanzaba más lentamente.
Comenzó a repasar los códigos hasta donde los conocía de memoria, y al final de la cadena, donde siempre se hacía la oscuridad, a base de paciencia esta vez se hizo la luz.
2. URGH
Urgh era un joven cazador aventajado cuya fortaleza y habilidad en la cacería le había hecho merecedor del repeto de muchos de sus mayores. Muchos veían en él al sucesor lógico de Klaas, el jefe del clan y cabecilla de las cacerias cuando algun percance lo lesionara o muriese en la avanzadilla de las persecuciones a las presas cuando estas se revolvían. Klaas tenía varias estaciones más que Urgh, pero todo indicaba que Urgh sería más grande, más fuerte y más astuto, aunque se sometía gustoso de aprender y entrenar sus músculos recien desarrollados. Ya no era un niño.
A su edad todavía no se había juntado con ninguna hembra, y todas sus ansias se volcaban en la caza y en aprender a moverse con más rapidez por la maleza y a calcular los movimientos de las presas y a lanzar con precisión sus armas.
El olor de la cueva se le hizo insoportable aquella mañana, ya que revolvía sus adormecidos instintos y notaba como alguna hembra le miraba inquisidora. Madrugó y antes del alba subió a lo alto de la colina donde solía buscar la soledad y meditar acerca de todo lo que le rodeaba y no comprendía, el horizonte era infinito pero se podía caminar hacia él, la bola de fuego salía todas las mañanas y les daba luz y calor, el agua calmaba su sed.
Notaba que le faltaban palabras para hacerse entender en las reuniones del clan. Ningún anciano sabía calmar su sed de conocimiento, y la mayoría de explicaciones que le daban le parecían burdas y repetitivas.
No los menospreciaba, pero algo le decía que no sabían llenar su vacío y le vertían palabrería para llenarlo. Miró hacia el horizonte donde pronto la claridad se converiría en luz, y animado por la grandeza del paisaje y el momento que le sobrecogía pidió afuera de sí, a todo lo que le rodeaba, como parte de la vida que le acogía igual que los niños eran acogidos en el vientre de sus madres. Pidió a la creación respuestas y calmar sus ansias de conocimiento y sus incertidumbres.
El sol comenzó a despuntar sobre la meseta, pero a diferencia de otros dias su color era rojizo, y llegado el momento pareció dividirse en dos. Urgh se asustó y cayó aterrado al suelo. Un sonido ensordecedor le envolvió y sintió como si las garras de un ave gigante le elevasen vertiginosamente desde el suelo.
Lo siguiente que notó después de unas náuseas terribles fue un extraño olor antinatural que no se parecía a ninguno que pudiese reconocer, y muchas pequeñas luces como estrellas inquietas.
3. EL DESTINO
Jan Van Sant llevaba 24 horas sin salir del laboratorio. Era ya la madrugada del sábado, y a sus superiores les había explicado que estaba enmedio de una ola de intuición que no podía dejar pasar. Una de aquellas olas que generaban suculentas patentes. Le concedieron carta blanca.
A las siete de la mañana del sábado las máquinas se volvieron locas, la sala de proyecciones sellada comenzó a iluminarse, y en sus computadoras se dió cuenta de que había perdido el rastro de lo que estaba haciendo, como en un delirio había estado programando diferentes tipos de ondas y radiaciones mezclandolas en un caótico orden que resultaba lógico al final.
Todo parecía a punto de explotar hasta que de pronto el ruido y las luces cesaron.
Dentro de la sala de proyecciones apareció una sombra, y Jan se apresuró a mirar por la escotilla. Su sorpresa casi le deja en estado de shock. Había un niño con aspecto de adolescente semidesnudo tumbado en el suelo como si acabase de caer del cielo.
4. LA REUNIÓN DEL CLAN
Cuando el calor se marchó vinieron las lluvias y el viento, y nadie sabía qué había sido de Urgh. Algunos pensaban que le había devorado alguna bestia, otros que habría caido por algun barranco, aunque nadie se explicaba porqué aquella mañana había abandonado el calor de la cueva.
Pasaron tambien los dias de frio en que el clan se pertrechaba con todas las pieles que tenían almacenadas, y el fuego se mantenía encendido en la cueva todo el dia, a pesar de lo cual siempre moría algún niño por el dolor de su pecho, o algun anciano.
Varias hembras ya habían puesto sus ojos en Urgh, y notaban un vacío de seguridad que les transmitía. Casi todas acabaron juntandose con algun otro miembro del clan al llegar las brisas que hacían estallar las flores y los aromas y disipaban el frío y abundaba la caza.
Apenas Saanaj evitó a los hombres haciendose la enferma y gruñendo consiguió librarse de quedar encinta por primera vez en su vida, sus compañeras empezaron a hacerle el vacío, pero en su interior albergaba la esperanza de que Urgh volviese y entonces sabría cómo acercarlo a ella.
Imaginaba que habría marchado en busca de una cueva más grande como solían contar en las reuniones del clan de los antiguos que murieron mucho tiempo atrás. Lo raro es que aquellas expediciones se hacían en grupo. Un hombre solo es un hombre muerto.
Un dia, cuando volvió el calor, ocurrió el milagro, Urgh apareció un atardecer caminando lentamente y muy erguido a la vista de todos. Estaban despellejando una presa y descuartizándola para reservar una parte y consumir la otra aquella misma noche en el consejo.
Todos dejaron sus tareas y salieron a su encuentro, temerosos por el extraño movimiento que Urgh parecía haber desarrollado al caminar. Sin duda era él, más alto, más desarrollado, con una extraña piel cubriéndole parecida pero no igual a las que usaba el clan. Los que tenían mejor vista aseguraban que venía sonriendo. Saanaj se estremeció entera pero se quedó discretamente en segunda fila.
Algunos compañeros de caza corrieron a su encuentro y le abrazaron, especialmente los que le auguraban un futuro liderazgo.
Klaas sintió el alivio del retorno de un gran cazador y lo abrazó efusivamente mientras el clan completo aullaba de alegría, como si un hermano hubiese muerto y depues regresara de la muerte.
El consejo quedó absolutamente eclipsado por Urgh, quien llegado el momento tras la comida se levantó y acaparó la absoluta atención de todos con el relato de su aventura.
Lo único que pudieron comprender a pesar de todos sus esfuerzos era que había viajado de un modo misterioso a un lugar muy lejano donde no se puede ir caminando ni durante muchas vidas. Un lugar donde no existían los bisontes pero animales terribles de piel muy dura te tragaban para llevarte de una parte a otra. Un lugar donde las pieles eran más finas pero abrigaban más y había laberintos de montañas de piedra que hacían los hombres para vivir dentro.
En ese lugar había muchas más cosas, y muchas palabras para denominarlas, y la mayoría de ellas las hacían los hombres con sus propias manos. Los clanes no existían, los hombres vivían solos o en parejas con alguna cría, y a pesar de haber pocos niños, había incontables hombres y mujeres por todas partes. La mayoría no se conocían entre sí, pero todos conocían las mismas palabras.
Les describió los animales que había comido y la extraña forma que tenían de descuartizarlos. Les explicó que había tenido un jefe de clan que le explicaba todas las cosas y que para regresar había tenido que entrar en una cueva brillante y de color liso como el cielo, y que su jefe de clan había llorado como una mujer cuando se despidieron.
Le hicieron muchas preguntas y la mayoría de las respuestas les resultaban ininteligibles y misteriosas, pero absolutamente acaparadoras de su atención.
5. SAANAJ
Saanaj se atrevió a hacerle la pregunta más inteligente de todas, y al mirarle a los ojos para contestarle comprendió enseguida que ella le había estado esperando contra toda esperanza. Le preguntó porqué el jefe del otro lugar le había dejado volver.
Urgh le contestó con gran dificultad que despues de conocer el otro lugar le pidió al jefe regresar porque tenía miedo, mucho miedo de los hombres de tan lejos.
El clan se estremeció imaginando a Urgh con miedo, despues de admirarle hasta la veneración tras su relato ni siquiera Klaas podía intuir qué asustaba tanto al valiente cazador.
El murmullo tardó varios minutos en cesar, entonces Urgh mirando a los ojos de Saanaj y sabiendo que iba a juntarse con ella pronto, le explicó que en aquel lugar no solo cazaban para comer o mataban por odio o en luchas entre clanes o dentro del clan. Había una maldad que estaba en el aire siempre y que volvía a los hombres capaces de matar a sus hijos dentro de sus madres.
Era un lugar maldito.
Un relato maravilloso
ResponderEliminarTienes talento natural JD.
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