Nubes que brillan radiantes
Si el sol en su altar las contempla.
Formando un mar de algodones
Que al seco poniente se alegra.
La luz hasta hiere los ojos
Y en ese dolor se alimenta
El gozo espontáneo y discreto
De estar caminando en la tierra
De estar respirando este aire
Y bañando la piel y la esencia
Que oculta al calor se despierta
Herida en la concupiscencia.
El daño en los ojos no es nada
Es daño que indica certeza
De sangre regando las venas
Y sueños que sueños alientan
Azul casi blanco del cielo
Entre nubes que esquivan tormentas
Dañadme sin miedo los ojos
Aseverando con luz mi existencia
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