Al principio, cuando decidí abandonar el coche en beneficio de la economía y de mi necesitada rodilla derecha, elegí la ruta a pié más corta para acudir al trabajo, convencido de que la rutina serenaría mi agobio previo al desgaste laboral.
Al poco tiempo descubrí que tropezaba con las mismas caras y ruidos a las mismas horas y en los mismos lugares, como si de una orquestada confabulación se tratase. La ensordecedora máquina de limpiar las calles me esperaba agazapada en la misma esquina para romper la magia del silencio, y las sonrisas de los madrugadores vecinos vaticinaban un no muy lejano "buenos días" a fuer de costumbre.
Lo único bueno que le encuentro a madrugar es el silencio, así que me negué la rutina, y cada día busco una alternativa en mi peregrinaje laboral.
He extraido varias conclusiones de esta situación.
Me gusta el silencio.
Soy un maniático.
Existe una conspiración.
A favor de la primera conclusión solo puedo remar madrugando más todavía, lo cual es inviable por motivos fisiológicos. Mi cuerpo se niega.
La segunda conclusión es un engrudo indisoluble a tenor de las opiniones médicas consultadas, cada uno es cada cual, o como decía un insigne personaje: "...cada uno con sus cadaunadas".
Por tanto, el único frente posible aunque arduo es armarse contra la conspiración cósmica con los pasos seguidos que avanzaba al principio:
- Cambiar constantemente de ruta, lo que ademas dicen es bueno para engrasar las neuronas, o bien
- Retomar la engorrosa bicicleta y dejar que el fluir del aire enmascare todo rastro de agresiones acústicas y la celeridad matutina incrementada por el progresivo despertar de los sentidos vuelva invisibles los rostros cotidianos.
- O por último como recurso extremo hacer de tripas corazón y utilizar de nuevo el coche obligandome a reestructurar la economía familiar, pero sacrificando los beneficios del deporte sobre mi rodilla.
Tambien queda rezar durante el trayecto un misterio glorioso a todo volumen con el móvil e implorar que la ansiedad y el desasosiego me abandonen para siempre, no perdiendo la esperanza de algún día parecerme a una persona normal, sea lo que sea eso si es que existe.
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| Avda Rey Don Jaime 7:00 Am un dia laborable de julio |
Juan Diego Jaén Bayarri, 4 de julio de 2013



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